Existen medicinas que han cambiado la historia de la humanidad por su capacidad de matar infecciones causadas por bacterias, sin destruir el cuerpo del humano. Estos se conocen como antibióticos y su función es evitar que las bacterias se sigan reproduciendo dentro del cuerpo y eliminar las que quedan.
Aunque las bacterias llevan más tiempo en el mundo que los humanos, eventualmente, en la década de 1920, los humanos aprendieron a combatirlas a través de la creación de antibióticos.
Antes de esto, las personas morían por cualquier infección microbiana leve y la recuperación de una cirugía tenía más riesgos. Este descubrimiento terminó por tener un efecto positivo en la expectativa de vida en todo el mundo.
Los antibióticos, por ejemplo, pueden tratar las infecciones de oído, de piel o dentales, la meningitis, las neumonías bacterianas o las infecciones de riñón y bazo. Sin embargo, hay otras enfermedades como la gripe, la tos, la bronquitis o problemas estomacales, que no pueden, ni deben ser tratados con estas medicinas. Existen antibióticos que son de espectro amplio y otros que están hechos para atacar un tipo de bacteria específicamente, según publica FIFARMA en su último boletín.
Sin embargo, hay un problema que puede hacer que todos los humanos queden desprotegidos de las bacterias que los antibióticos pueden combatir: la resistencia antimicrobiana (RAM).
¿Qué es la resistencia antimicrobiana?
Durante años los profesionales de la salud han pedido a las personas que no se automediquen con antibióticos, especialmente para enfermedades comunes como la gripe. En primer lugar, automedicarse puede no tener ningún efecto si el paciente tiene un virus, pues los antibióticos solo combaten bacterias. De hecho, no siempre es obvio cuando una infección es viral o bacteriana, por eso es importante ir a un profesional de la salud para que haga el diagnóstico correcto.
Más específicamente, las bacterias son organismos unicelulares que se nutren del ambiente en el que viven. Por su parte los virus no son células completas, son solo material genético que viene cubierto de proteínas, por eso el virus necesita de otras estructuras celulares para poder vivir.
La diferencia entre estas dos estructuras es que las bacterias tienen una estructura más compleja, tienen la capacidad de reproducirse a sí mismas sin necesidad de un cuerpo externo y esto las hace muy resistentes a las temperaturas y el tiempo. Los antibióticos atacan la célula de la bacteria, que es muy diferente a la del virus. Le quitan la habilidad de dividirse y reproducirse lesionando las paredes de la célula bacteriana o evitando que los nutrientes lleguen a la bacteria para que se reproduzca.
Como el antibiótico está diseñado para atacar unas partes específicas de la célula de la bacteria, no podrá reconocer un virus y atacar. Igualmente, puede suceder que el paciente tenga una bacteria y se automedique, pero puede no estar tomando el medicamento adecuado para combatir esta bacteria específica, pues unos medicamentos lastiman su capa exterior y otros atacan al interior.
Pero lo más importante es que entre más antibióticos sean tomados irresponsablemente en el mundo, hay más oportunidad de desarrollar resistencia a estas medicinas, porque las bacterias aprenderán cómo combatir los antibióticos y se prepararán mejor para invadir a su próxima víctima. Lo mismo sucede si la persona no termina un tratamiento con antibióticos. Esto abre la puerta a que las bacterias aprendan sobre esta medicina, se vuelvan más fuertes y finalmente terminen por mutar a una bacteria que sea resistente al antibiótico.
Abuso de los antibióticos
La RAM crea unas “superbacterias” que ponen en riesgo la salud del mundo entero. Anualmente 700.000 personas mueren por las infecciones de bacterias que no se pueden tratar a causa de la resistencia. Según la revista científica The Lancet, para el año 2050 la RAM causará la muerte de más de 10 millones de personas.
Esta situación podría hacer que las infecciones bacterianas que en la actualidad son fáciles de tratar, se vuelvan complejas. Sería como devolvernos en la medicina más de 100 años en el tiempo. A esto hay que agregarle los costos que tendrían que asumir los gobiernos y el sector salud, pues las hospitalizaciones durarían más y los gastos médicos aumentarían. Según Thomas Cueni, Director General de IFPMA, “en el largo plazo, el aumento incontrolado de RAM, puede tener consecuencias más graves que el COVID-19 para la salud pública”.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, algunos tipos de bacterias resistentes podrían propagarse de persona a persona, porque pueden sobrevivir y reproducirse en desagües, en pozos de agua o en facilidades médicas.
Igualmente, esta resistencia está interconectada con los animales y el medio ambiente, por ejemplo, un moho común llamado Aspergillus fumigatus, enferma a las personas con sistemas inmunes débiles, sin embargo en 2018 se reportó que tres personas eran resistentes a los antibióticos que les dieron para este moho. Es importante aclarar que estas bacterias pueden afectar a plantas, animales y humanos, y que son las bacterias las que desarrollan la inmunidad, no el cuerpo.
Asimismo, las personas con condiciones crónicas (como hipertensión o diabetes) tendrían un mayor peligro ante la RAM, pues algunos medicamentos que usan debilitan el sistema inmune. Más específicamente, 1 de 3 adultos tendrá una condición crónica durante su vida, lo que pone a grandes proporciones de la población en peligro. En esa misma línea, las personas que estén bajo un tratamiento de cáncer tienen su sistema inmunológico muy débil, lo que hace más fácil la llegada de bacterias, que con RAM, no se podrán combatir.
Además, la emergencia por COVID-19 está exacerbando la resistencia antimicrobiana, pues se ha demostrado que casi el siete por ciento de los diagnósticos que corresponden a coronavirus, se diagnostican como infecciones bacterianas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los antibióticos no son eficaces para prevenir o combatir este virus, sin embargo, en países como Estados Unidos, 72 por ciento de los pacientes con COVID-19 reciben antibióticos, pero apenas el 8 por ciento de estos los necesita.
Igual de peligroso resulta la automedicación contra el COVID-19, pues hasta el momento solo existe un tratamiento aprobado por la FDA en Estados Unidos que se usa en casos de emergencia en el hospital. Además, la automedicación puede disminuir la potencia de otros medicamentos suministrados, puede ocultar procesos graves que estén sucediendo en el cuerpo o puede generar reacciones tóxicas.
Manos a la obra
Entonces, ¿qué se puede hacer para evitar que los humanos se vuelvan resistentes a los antibióticos? Los individuos pueden contribuir de diferentes maneras, como por ejemplo, nunca automedicarse, no pedir antibióticos si el profesional de la salud considera que no los necesita y prevenir infecciones lavándose las manos regularmente, teniendo prácticas higiénicas en la vida diaria, especialmente a la hora de cocinar.
Si eventualmente la persona debe tomar antibióticos, solo se debe utilizar los antibióticos recetados por profesionales de la salud, además hay que seguir las instrucciones que da el doctor y no se pueden compartir los antibióticos que sobren del tratamiento.
Los gobiernos, por su parte, deben vigilar la RAM en sus países y deben mejorar los programas de prevención de infecciones. Asimismo, los profesionales de la salud tienen la tarea de prevenir a toda costa las infecciones, solo prescribir estas medicinas cuando sean necesitadas y hablar con los pacientes de la RAM y los efectos que podría tener en el mundo.
Por su parte, la industria farmacéutica como respuesta a la falta de investigación de antibióticos, ha creado diferentes estrategias. Por ejemplo, la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA), junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Banco Europeo de Inversiones y otras actores de la salud, lanzaron en 2020 el Fondo de Acción AMR, donde proponen encontrar de dos a cuatro nuevas medicinas para el año 2030.
Sin duda los antibióticos son uno de los logros más grandes de la humanidad y uno de los medicamentos que más ha extendido la expectativa de vida en el mundo. Ahora las personas deberán seguir las prácticas responsables alrededor de los antibióticos para que este logro se mantenga en el tiempo. Desde el lado de los individuos, los pasos a seguir para contribuir son claros: mantener prácticas higiénicas, evitar la automedicación y siempre consultar a los profesionales de salud.
Fuentes:
Antibiotic-Resistant Infections Threaten Modern Medicine
¿Cómo funcionan los antibióticos?
Confronting antimicrobial resistance beyond the COVID-19 pandemic and the 2020 US election
Consejos para la población acerca de los rumores sobre el nuevo coronavirus (2019-nCoV)
FDA Approves First Treatment for COVID-19
For the love of God, people, stop taking antibiotics for colds
Message from Thomas Cueni at AMR Action Fund launch event in Tokyo on 10 July 2020 (Video)
Pfizer is the first company to share raw data on the spread of resistance
Tackling antimicrobial resistance in the COVID-19 pandemic
The Interconnected Threat of Antibiotic Resistance
This is the biggest challenge to our health































