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Violencia contra la niñez: cuando las señales no siempre dejan marcas

Dos especialistas explican cómo detectar el maltrato infantil, sus consecuencias en la salud y las claves para prevenir la violencia contra la niñez.
Violencia en el hogar. (SaludNews).

Dos especialistas explican cómo detectar el maltrato infantil, qué consecuencias puede dejar en la salud y por qué escuchar el comportamiento de un niño puede ser tan importante como encontrar una lesión.

La violencia contra la niñez no siempre deja moretones, fracturas o heridas visibles. A veces aparece en forma de miedo, silencio, cambios repentinos de conducta, problemas de sueño, síntomas físicos recurrentes o rechazo a regresar a casa. Otras veces permanece completamente oculta.

Para la Dra. Josefina Luna, especialista en pediatría y puericultura, y la Dra. Wendy Rosario, médico familiar y comunitaria, detectar esas señales exige que los profesionales de la salud aprendan a mirar más allá del motivo inmediato de consulta y entiendan que un cambio en el comportamiento de un niño también puede ser una expresión de sufrimiento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la violencia contra los niños un problema de salud pública con consecuencias que pueden extenderse durante toda la vida. La exposición a violencia puede afectar el desarrollo cerebral, la salud mental, el rendimiento escolar y aumentar posteriormente el riesgo de enfermedades y conductas perjudiciales para la salud.

De acuerdo a la encuesta ENHOGAR-MICS 2025 el 54.9 % de los menores entre 1 y 14 años recibe agresiones psicológicas o castigos físicos como parte de su disciplina, una realidad que especialistas consideran un importante problema de salud pública por sus efectos en el desarrollo físico, emocional y neurológico de la niñez.

En República Dominicana, además, el problema tiene una dimensión de protección de derechos. El artículo 14 de la Ley 136-03 que crea el Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes establece que los profesionales de la salud, educación, psicología, trabajo social y otras personas que tengan conocimiento o sospecha de abuso o vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes están obligados a denunciarlo ante las autoridades competentes.

La pregunta, entonces, no es solamente cómo identificar un golpe.

La pregunta es: ¿cuántas veces un niño está diciendo que algo no está bien sin utilizar palabras?

Cuando no hay lesiones, ¿cómo se detecta la violencia?

Para la Dra. Josefina Luna, el primer paso para detectar el maltrato es que el profesional de la salud considere que esa posibilidad existe.

Su planteamiento puede resumirse en una premisa fundamental de la protección infantil: si no se piensa en violencia, difícilmente se detectará la violencia.

Un niño puede acudir al pediatra por dolor abdominal, cefalea, problemas para dormir, dificultades alimentarias, alteraciones de conducta o consultas repetidas sin una causa médica evidente. Ninguno de estos síntomas, por separado, demuestra que exista maltrato.

Pero sí pueden convertirse en piezas de un cuadro que merece ser investigado.

La pediatra plantea que la valoración debe integrar la historia clínica, el desarrollo, el comportamiento, el examen físico y el contexto familiar.

Dra. Josefina Luna, pediatra y puericultora. (Fuente Externa).

El profesional debe observar incluso la manera en que el niño entra al consultorio, cómo interactúa con quien lo acompaña y si busca protección en ese adulto o, por el contrario, muestra miedo, rechazo o una conducta inusualmente distante.

También debe preguntarse si la explicación ofrecida por el cuidador es compatible con la edad y las capacidades del niño.

Un ejemplo clínico particularmente importante es el de un lactante que todavía no camina y presenta una lesión cuya explicación requiere movimientos o capacidades que el niño todavía no posee. En estos casos, la discrepancia entre la historia relatada, el desarrollo del niño y los hallazgos clínicos debe conducir a una evaluación cuidadosa.

La OMS también advierte que el maltrato infantil suele permanecer oculto y que una parte de las víctimas nunca llega a recibir apoyo formal.

Las señales que deberían encender las alarmas

No existe una única señal que permita diagnosticar violencia infantil. Lo importante es la combinación de hallazgos, su persistencia y la ausencia de una explicación coherente.

Señales físicas

Entre los elementos que pueden despertar sospecha están:
* Lesiones sin explicación clara o incompatibles con el mecanismo relatado.
* Lesiones repetidas o en diferentes etapas de cicatrización.
* Quemaduras con patrones definidos o distribución inusual.
* Fracturas que requieren una explicación adicional por la edad o las características del niño.
* Lesiones en zonas poco habituales para accidentes cotidianos.
* Signos de negligencia, como deterioro persistente de la higiene, desnutrición o retraso del crecimiento cuando no existe una explicación suficiente.
* Lesiones genitales u otros hallazgos que requieran valoración especializada.
Pero existe una advertencia fundamental: un niño maltratado puede no tener ninguna lesión visible.
Esto es particularmente importante en casos de violencia psicológica, negligencia o abuso sexual.

El cuerpo también habla cuando el niño no puede contar lo que ocurre

La Dra. Luna destaca señales emocionales como miedo excesivo, ansiedad, tristeza, retraimiento, apatía, irritabilidad intensa o hipervigilancia.

Algunos niños pueden sobresaltarse fácilmente, permanecer en alerta o mostrar una reacción desproporcionada ante determinadas situaciones.

Otros dejan de jugar, pierden interés en actividades que antes disfrutaban o experimentan cambios importantes en su seguridad emocional.

La Dra. Wendy Rosario coloca el énfasis en esa dimensión cotidiana.

Para ella, los niños muchas veces hablan con su comportamiento.

SODOMEFYC plantea el reto de construir una Atención Primaria verdaderamente resolutiva, con participación comunitaria y Medicina Familiar.
Dra. Wendy Rosario. Médico Familiar y Comunitaria. Presidenta de Sodomefyc. (Foto: Fuente Externa).

Un niño que cambia abruptamente, que se vuelve demasiado silencioso, demasiado agresivo o que manifiesta miedo de regresar a casa puede estar expresando algo que todavía no puede verbalizar.

La clave está en no interpretar automáticamente estas conductas como simple “mala conducta”.

El síntoma puede ser la puerta de entrada para descubrir el problema.

Cuando el “problema de conducta” puede esconder una historia de violencia

En adolescentes, la situación puede ser todavía más compleja.

Una conducta desafiante, aislamiento, bajo rendimiento escolar, fugas del hogar, autolesiones, consumo temprano de alcohol u otras sustancias o comportamientos sexuales preocupantes pueden interpretarse exclusivamente desde la disciplina.

Pero la Dra. Luna advierte que algunas de estas manifestaciones pueden estar relacionadas con violencia, abuso, explotación o sufrimiento emocional.

Esto no significa que todo cambio conductual sea consecuencia de maltrato.
Significa que, ante determinados patrones, el profesional debe abrir una puerta para preguntar, escuchar y evaluar.

La OMS señala que la violencia durante la infancia se asocia con un mayor riesgo de problemas de salud mental, conductas autolesivas, consumo de sustancias, dificultades educativas y otros problemas de salud a lo largo de la vida.

Disciplina no es violencia: una diferencia que cambia la consulta

Uno de los puntos centrales planteados por ambas especialistas es la necesidad de diferenciar disciplina, maltrato y abuso.

La disciplina tiene como finalidad enseñar límites, responsabilidad y habilidades para la convivencia.
El maltrato, en cambio, utiliza acciones u omisiones que provocan o pueden provocar daño físico, psicológico o emocional.

La Dra. Luna plantea que cuando la crianza recurre a golpes, humillaciones, amenazas, intimidación o miedo, deja de ser una estrategia disciplinaria saludable.

La OMS coincide en que el castigo corporal no tiene beneficios positivos para el desarrollo infantil y está asociado con problemas físicos y psicológicos, dificultades cognitivas y socioemocionales, bajo rendimiento escolar y mayor agresividad.

Esto cuestiona una idea todavía arraigada en algunos hogares:“A mí me criaron así y no me pasó nada”.

El problema es que sobrevivir a una experiencia no significa que esa experiencia haya sido saludable.
Educar no requiere producir miedo.

Abuso y violencia: el factor que no puede ignorarse

El abuso implica una utilización de una relación desigual de poder, confianza o autoridad para someter, explotar o causar daño a un niño.

La vulnerabilidad es particularmente importante porque un niño depende de los adultos para recibir protección, alimentación, cuidado, atención médica y seguridad.

Por eso, la responsabilidad del adulto es mayor.

La OMS define el maltrato infantil como un conjunto de abusos físicos, emocionales o sexuales, negligencia y explotación que causan o pueden causar daño a la salud, desarrollo o dignidad del menor.

La violencia, además, puede producirse en distintos escenarios: hogar, escuela, comunidad y entornos digitales.

Una mirada diferente: no esperar a que aparezca el golpe

Aquí aparece una diferencia de énfasis entre las dos especialistas.

Dra. Josefina Luna: la mirada clínica integral

La perspectiva de la pediatra se concentra en la detección clínica temprana.
Su planteamiento es que el profesional debe observar al niño como un todo: desarrollo, conducta, interacción familiar, historia clínica y examen físico.

No basta con buscar lesiones.

Hay que preguntarse:
¿La historia coincide con lo que veo?
¿El comportamiento del niño es coherente con su edad y situación?
¿Cómo reacciona ante el cuidador?
¿Qué ocurre cuando el adulto sale del consultorio?

Para Luna, la consulta pediátrica es una oportunidad privilegiada para detectar una situación que puede estar ocurriendo detrás de síntomas aparentemente menores.

Dra. Wendy Rosario: escuchar antes de etiquetar

Rosario coloca el énfasis en la observación cotidiana y la escucha.
Su advertencia es sencilla, pero poderosa: un niño que cambia puede estar tratando de comunicar algo.
Desde la medicina familiar y comunitaria, esa mirada obliga a considerar no solamente la enfermedad, sino también el entorno donde vive el niño.

La pregunta deja de ser únicamente “¿qué tiene?” y pasa a ser:
“¿Qué está ocurriendo alrededor de este niño?”

Son dos perspectivas distintas, pero complementarias.
Una pone el foco en la capacidad diagnóstica del pediatra; la otra, en la lectura integral del contexto familiar y comunitario.

Ambas convergen en una idea: no normalizar las señales de sufrimiento.

Las huellas pueden durar mucho más que la infancia

La violencia infantil no termina necesariamente cuando desaparece el episodio.

Puede dejar consecuencias en el desarrollo cerebral, la salud mental, el aprendizaje, las relaciones sociales y la salud física.

La OMS señala que la exposición temprana a violencia puede afectar el desarrollo del cerebro y otros sistemas del organismo, además de aumentar el riesgo posterior de ansiedad, depresión, estrés postraumático, conductas de riesgo y enfermedades no transmisibles.

La Dra. Luna explica este proceso desde la perspectiva del estrés tóxico: cuando un niño vive situaciones intensas y repetidas de estrés sin contar con un adulto protector que lo ayude a regularlas, el sistema de respuesta al estrés puede permanecer activado.

Esto puede interferir con procesos relacionados con regulación emocional, memoria, aprendizaje y control de impulsos.

Sin embargo, existe un mensaje que resulta fundamental:

la violencia puede dejar huellas, pero no determina inevitablemente el destino de un niño.
La detección temprana, la protección, la atención psicológica, los vínculos seguros y los ambientes protectores pueden cambiar la trayectoria de un menor expuesto a adversidades.

El error de buscar violencia solamente en determinados hogares

Otro error frecuente es asociar automáticamente el maltrato con pobreza, familias disfuncionales o bajo nivel educativo.

La violencia contra la niñez puede aparecer en cualquier estrato social.

La OMS identifica factores de riesgo individuales, familiares, comunitarios y sociales, entre ellos el aislamiento, la falta de redes de apoyo, la violencia dentro del hogar, dificultades económicas y normas sociales que normalizan los castigos violentos.

Por eso, la sospecha clínica no debe construirse sobre prejuicios.
Debe construirse sobre evidencia, observación y coherencia clínica.

El pediatra no es investigador judicial, pero sí tiene una responsabilidad
La Dra. Luna hace una precisión esencial: el papel del médico no es demostrar judicialmente que ocurrió un delito.

Su responsabilidad consiste en:
1. Reconocer señales de alerta.
2. Realizar una valoración integral.
3. Proteger al niño.
4. Documentar adecuadamente los hallazgos.
5. Activar la ruta de protección correspondiente.
6. Dar seguimiento dentro de sus competencias profesionales.

En República Dominicana, el artículo 14 de la Ley 136-03 establece la obligación de denunciar cuando existe conocimiento o sospecha de abuso o violación de derechos de niños, niñas y adolescentes.

El Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) también ha reiterado que la ciudadanía debe actuar ante sospechas de abuso y ha señalado mecanismos como Línea Vida, el Sistema 9-1-1 y las fiscalías especializadas.

Conani es el órgano rector del Sistema Nacional de Protección de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia en la República Dominicana.

La propia Ley 136-03 se encuentra actualmente en un proceso de actualización y reforma, impulsado por el Gabinete de Niñez y Adolescencia y CONANI, con el propósito de fortalecer el sistema de protección frente a las nuevas realidades sociales y digitales.

Qué puede hacer una familia para prevenir?

La prevención no empieza cuando aparece una lesión.
Empieza antes.

Las especialistas plantean la importancia de construir una crianza no violenta, establecer límites claros sin humillaciones y desarrollar espacios donde los niños puedan hablar sin miedo.

Algunas claves:
* Escuchar al niño sin ridiculizarlo.
* Tomar en serio cambios repentinos de conducta.
* Evitar golpes y castigos humillantes.
* Enseñar límites mediante consecuencias proporcionales y no violentas.
* Preguntar cómo se siente.
* Mantener comunicación abierta sobre su escuela, amistades y entorno digital.
* Conocer a las personas que tienen contacto frecuente con el niño.
* Buscar ayuda profesional cuando existan cambios persistentes.
* No minimizar expresiones de miedo o rechazo hacia una persona determinada.
* Actuar ante cualquier sospecha razonable de abuso.

La prevención efectiva también requiere apoyar a padres y cuidadores, fortalecer habilidades de crianza positiva y construir entornos seguros. La OMS considera que la violencia contra los niños puede prevenirse.

Cuando un niño dice algo, la primera respuesta importa

Uno de los momentos más delicados ocurre cuando el niño finalmente habla.
La prioridad debe ser protegerlo y escucharlo, evitando interrogatorios repetitivos, amenazas, culpabilización o preguntas que puedan inducir respuestas.

El niño necesita saber que hizo bien al comunicar lo ocurrido.

En el ámbito sanitario, la OMS recomienda que los profesionales estén capacitados para identificar el maltrato, hablar de manera segura con niños y adolescentes y responder adecuadamente ante una sospecha.
No se trata de convertir a cada pediatra en investigador.

Se trata de que ningún profesional pase por alto una señal porque no dejó una marca en la piel.

Una conversación que la sociedad todavía necesita tener

La violencia contra la niñez no debe abordarse solamente después de una tragedia.
Debe formar parte de la agenda permanente de salud pública.

Porque detrás de un niño que no duerme, que dejó de jugar, que tiene miedo, que baja sus calificaciones, que se vuelve agresivo o que presenta síntomas físicos recurrentes puede existir una realidad que nadie ha preguntado.

Y, algunas veces, la diferencia entre continuar sufriendo y recibir protección puede estar en una pregunta sencilla:
“¿Hay algo que te esté preocupando o que te haga sentir miedo?”

La Dra. Josefina Luna lo resume desde la pediatría: pensar en violencia es el primer paso para poder detectarla.
Wendy Rosario lo expresa desde la medicina familiar: hay que escuchar lo que los niños dicen, pero también aquello que comunican con su comportamiento.

Dos miradas diferentes. Una misma responsabilidad:

Proteger a la niñez antes de que el daño se convierta en una historia de toda la vida.

Nota: Este es el primero de una serie de reportajes acerca de la violencia en el hogar en República Dominicana.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en SaludNews está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional acreditado.