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El poder no se hereda: La herencia de lo político en América Latina: una reflexión crítica

-Ex Vicepresidente UNAIME. -Ex Vicepresidente Medicos Pasantes. -Magister en Gestion de Sistemas y Servicios de Salud.

Por Dr. Manuel Fernández L.

La historia política de América Latina ha estado marcada por la importación de modelos institucionales de Europa y Norteamérica. 

Sin embargo, como bien señala Alexander Bellafiore Rincón en su análisis sobre la herencia de lo político en la región, estos modelos a menudo chocan con una cultura política local caracterizada por el ventajismo, el mercantilismo, el amiguismo y el tribalismo. 

Estas prácticas, arraigadas en una identidad mestiza, han sido asumidas con resignación como inevitables, lo que ha obstaculizado el desarrollo de sistemas políticos más justos y eficientes.

No obstante, la inevitabilidad de los factores culturales no debe ser excusa para la inacción. Las fuerzas políticas e intelectuales de la región tienen el deber de construir un modelo político basado en la equidad y la meritocracia, rompiendo con la lógica hereditaria del poder.

Un ejemplo claro de esta problemática se puede observar en la entrevista realizada en septiembre de 2020 a Martín Santos, hijo del expresidente colombiano y premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, titulada “El poder no se hereda, sino que se cultiva”. En ella, queda en evidencia que el poder político no es una herencia automática; puede traspasarse, pero su éxito depende de la capacidad y el trabajo individual del sucesor.

En el contexto de la República Dominicana, se ha intentado normalizar la idea de que el poder político—ya sea gremial, sindical o educativo—se puede heredar, como si fuera un derecho adquirido. Durante la última década, numerosos artículos han abordado la perpetuación de liderazgos en distintos sectores, lo que demuestra la persistencia de esta mentalidad.

En el ámbito médico-gremial, por ejemplo, ha surgido una tendencia preocupante: la creación de “líderes” basados exclusivamente en la popularidad, el carisma y la cercanía con figuras influyentes, en lugar de la capacidad y el mérito propio. Expresiones como “el heredero” o “para continuar el legado” se han vuelto frecuentes, sugiriendo que la sucesión política en estos espacios responde más a la lealtad y el linaje que a la competencia real.

Los médicos, al igual que cualquier otro profesional, no podemos caer en la trampa de creer que alguien podrá replicar con exactitud el liderazgo de figuras históricas cuya lucha ha estado siempre al servicio del colectivo y no de intereses particulares. Cada generación debe ganarse su lugar en base a su propio esfuerzo, sin depender de apellidos ni legados.

Afortunadamente, el modelo hereditario ha perdido fuerza y cada vez más ciudadanos están en capacidad de evaluar por sí mismos la pertinencia de elegir y ser elegidos con base en principios de capacidad y compromiso, no en la simple continuidad de un apellido o una estructura de poder preexistente.

El futuro de la política en América Latina, incluyendo el sector gremial y médico, dependerá de nuestra capacidad de romper con la lógica dinástica y fomentar una cultura de liderazgo auténtico, donde el mérito y la vocación de servicio sean las verdaderas credenciales de quienes aspiran a dirigir.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en SaludNews está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional acreditado.