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El sistema de salud puede detectar señales de violencia

Violencia de género: señales de alerta pueden aparecer desde el noviazgo.

Control, celos, aislamiento, descalificación y dependencia pueden ser señales tempranas de una relación violenta, advierte la psicóloga clínica Abril Arias Taveras.

La violencia de género y la violencia intrafamiliar no comienzan necesariamente con una agresión física. En muchos casos, el patrón puede desarrollarse de manera progresiva desde el noviazgo, a través de conductas de control, celos, aislamiento, intimidación o dependencia que pueden confundirse con expresiones de amor o preocupación.

Así lo explica a SaludNews la psicóloga clínica Abril Arias Taveras, terapeuta familiar y de pareja, expresidenta del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y actual presidenta de la Asociación Dominicana de Profesionales de la Psicología (ASODOPS), quien aborda los factores asociados a la violencia, sus señales tempranas y la importancia de fortalecer la prevención desde la familia, las escuelas y el sistema de salud.

La violencia no tiene una sola causa

Arias Taveras explica que la violencia constituye un fenómeno complejo en el que pueden interactuar factores sociales, culturales, familiares y personales.

Entre ellos menciona los patrones de crianza, las conductas aprendidas, las creencias que justifican el control o la desigualdad, las dificultades para manejar conflictos y los problemas para regular emociones.

También pueden intervenir el consumo de alcohol u otras sustancias, antecedentes familiares de violencia, celos, dependencia económica y dificultades para gestionar la ira, la frustración y otras emociones.

“La violencia de género y la violencia dentro del hogar no responden a una sola causa. Son fenómenos complejos”, plantea la especialista.

Las señales pueden aparecer antes de la agresión física

Uno de los principales obstáculos para detectar una relación violenta es asumir que la violencia comienza únicamente cuando aparece una agresión física.

La especialista señala que puede existir una progresión en la que primero aparecen comportamientos de control, descalificación, aislamiento, amenazas o intimidación.

Algunas de estas conductas incluso pueden interpretarse inicialmente como muestras de amor, interés o preocupación.

Entre las señales de alerta desde el noviazgo se encuentran controlar con quién se relaciona la pareja, limitar el contacto con familiares, revisar el teléfono, intentar alejarla de sus amistades o intervenir en decisiones personales como la forma de vestir, los estudios o las relaciones sociales.

Estas conductas, advierte Arias Taveras, no deberían normalizarse como demostraciones de afecto.

No existe un único perfil de la persona agresora

Desde la psicología no existe un perfil único que permita identificar a todas las personas que ejercen violencia.

Sin embargo, la especialista señala que pueden presentarse elementos como una fuerte necesidad de control y dominación, dificultades para manejar la frustración, impulsividad, celos, baja tolerancia a los límites, pensamiento rígido e inseguridad.

También puede aparecer la percepción de la pareja como una posesión y la creencia de que quien tiene mayor poder dentro de la familia está legitimado para imponer sus decisiones.

Otro elemento relevante es la justificación o minimización de la violencia.

Expresiones como “así soy yo” o “así me criaron” pueden utilizarse para explicar determinadas conductas sin asumir responsabilidad por sus consecuencias.

La responsabilidad también puede trasladarse a factores externos, como problemas laborales, estrés, conflictos familiares o acciones atribuidas a la propia víctima.

Salud mental y violencia: evitar una asociación equivocada

La relación entre salud mental y violencia requiere especial precisión.

Arias Taveras subraya que tener un trastorno mental no significa ser una persona violenta y que una enfermedad mental, por sí sola, no explica la violencia.

En determinadas circunstancias pueden interactuar diferentes factores de riesgo, entre ellos el consumo de sustancias, antecedentes de violencia, determinadas características de personalidad y experiencias adversas durante la infancia.

Por esta razón, la especialista advierte sobre el riesgo de estigmatizar a las personas con trastornos mentales asociándolas automáticamente con comportamientos violentos.

La violencia también puede aprenderse dentro del hogar

Los comportamientos observados durante la infancia pueden influir en la manera en que una persona interpreta y establece sus relaciones.

Quien crece en un entorno donde observa maltrato, control o agresiones puede llegar a considerar esos comportamientos como formas normales de relacionarse.

Sin embargo, aprender un patrón de violencia no significa estar condenado a repetirlo.

La educación, la intervención psicológica y el desarrollo de relaciones saludables pueden contribuir a modificar esos patrones.

Por ello, la prevención debe comenzar antes de que aparezca una relación de pareja e involucrar a niños, adolescentes, familias y educadores.

Por qué una víctima permanece en una relación violenta?

Una de las preguntas más frecuentes ante una relación de violencia es por qué la víctima permanece en ella, incluso cuando reconoce que existe peligro.

Arias Taveras considera necesario desmontar la idea de que una persona permanece porque “le gusta” el maltrato o porque simplemente “lo permite”.

La violencia psicológica, el miedo, la dependencia económica y afectiva, la pérdida progresiva de autoestima y el aislamiento pueden dificultar que una persona tome decisiones y consiga salir de una relación abusiva.

También pueden existir amenazas relacionadas con los hijos, la vivienda, los recursos económicos o la posibilidad de quedarse sin apoyo.

“Una persona no permanece en una relación violenta porque quiera ser maltratada”, explica la especialista.

El ciclo de violencia puede alimentar la esperanza de cambio

La dinámica puede hacerse más compleja cuando los episodios de violencia son seguidos por períodos de aparente tranquilidad.

Después de una agresión pueden aparecer disculpas, promesas de cambio, regalos, flores o muestras de afecto, generando en la víctima la expectativa de que la situación cambiará.

Posteriormente puede reaparecer la tensión y producirse un nuevo episodio de violencia.

Esta dinámica puede contribuir al deterioro progresivo de la autoestima, autonomía y seguridad personal.

Por eso, salir de una relación violenta no debe entenderse únicamente como una decisión individual. Las redes familiares, los servicios especializados, la protección institucional y el apoyo psicológico pueden ser determinantes.

La violencia económica también afecta la autonomía

La dependencia económica puede convertirse en otro mecanismo que dificulte abandonar una relación violenta.

Incluso cuando una persona tiene ingresos propios, puede existir control sobre el dinero, los gastos o las decisiones financieras.

La autonomía económica forma parte de la capacidad de una persona para tomar decisiones sobre su propia vida.

Por ello, la prevención y atención de la violencia deben considerar también sus dimensiones psicológicas, económicas y sociales, y no concentrarse exclusivamente en las lesiones físicas.

Escuelas y familias tienen un papel clave en la prevención

Para Arias Taveras, la prevención debe comenzar desde la primera infancia.

Las escuelas pueden contribuir a que niños y adolescentes aprendan a reconocer y gestionar sus emociones, resolver conflictos sin violencia, establecer límites, respetar la autonomía de los demás y construir relaciones basadas en el buen trato.

La educación, plantea, no debe limitarse a los contenidos académicos.

También debe proporcionar herramientas para convivir, manejar la frustración y comprender que los conflictos no deben resolverse mediante agresiones.

El sistema de salud puede detectar señales de violencia

El sistema de salud ocupa una posición estratégica para identificar situaciones de violencia.

Psicólogos, psiquiatras, médicos, enfermeras y trabajadores sociales pueden encontrarse con personas que presentan señales como miedo, aislamiento, cambios de conducta o afectaciones relacionadas con el maltrato.

De acuerdo con la especialista, estos profesionales necesitan herramientas para detectar, orientar, intervenir y acompañar adecuadamente estos casos.

La atención tampoco debería limitarse al momento de la crisis. El acompañamiento debe contribuir a recuperar progresivamente la seguridad, autoestima y autonomía de las personas afectadas.

La prevención debe llegar a las comunidades

La respuesta frente a la violencia de género no puede limitarse a las instituciones.

Arias Taveras plantea llevar las acciones preventivas a barrios, comunidades, centros educativos, empresas, organizaciones sociales y otros espacios donde interactúa la población.

También considera que los medios de comunicación pueden desempeñar un papel importante mediante contenidos de psicoeducación que ayuden a identificar señales tempranas y orienten sobre las vías disponibles para buscar ayuda.

La violencia puede mostrar señales antes de alcanzar niveles más graves.

Cambios de comportamiento, miedo, inseguridad, aislamiento o disminución del rendimiento cotidiano pueden formar parte de las manifestaciones que requieren atención, especialmente cuando se presentan dentro de un contexto de control o maltrato.

Violencia de género: un desafío de salud pública

La prevención de la violencia intrafamiliar requiere una respuesta coordinada entre familias, escuelas, servicios de salud, comunidades, medios de comunicación y autoridades.

Para la presidenta de ASODOPS, no basta con intervenir después de una agresión. También es necesario trabajar de manera anticipada mediante la educación, detección temprana, fortalecimiento de habilidades emocionales y mecanismos de protección y acompañamiento.

Desde esta perspectiva, la violencia de género trasciende el ámbito privado de la pareja o la familia y representa también un desafío para la salud mental y la salud pública.

El objetivo de la prevención es favorecer relaciones basadas en el respeto, la autonomía, los límites y el buen trato, en lugar del miedo, el control y la violencia.

Qué debe hacer el sistema de salud ante un caso de violencia de género o intrafamiliar?

El Protocolo para la Atención Integral en Salud a Personas en Situación de Violencia de Género e Intrafamiliar, del ministerio de Salud Pública (MISPAS), establece un abordaje integral e interdisciplinario para la atención de las personas afectadas.

La ruta contempla la intervención coordinada de las áreas médica, psicológica y médico-legal, además de la referencia hacia los servicios de protección y justicia cuando el caso lo requiere.

1. Detección temprana y recepción

La atención comienza con la identificación de posibles situaciones de violencia.

  • Detección activa: el personal de salud debe prestar atención a señales que puedan indicar maltrato físico, psicológico o sexual, incluso cuando la persona consulte inicialmente por otro motivo de salud.
  • Entrevista privada: la evaluación debe realizarse de manera individual, en un espacio que permita preservar la confidencialidad, seguridad y privacidad de la persona afectada.
  • Evaluación inicial: una vez identificada una posible situación de violencia, se determina la necesidad de atención médica inmediata y las medidas de protección que correspondan.

2. Atención integral e interdisciplinaria

Cuando se identifica un caso, la respuesta sanitaria contempla diferentes dimensiones de atención:

Atención médico-clínica: incluye la evaluación y tratamiento de lesiones, la estabilización de pacientes que requieran atención de emergencia y, en situaciones de violencia sexual, la valoración de medidas como la anticoncepción de emergencia y la profilaxis posexposición (PEP) para prevenir infecciones de transmisión sexual, según corresponda.

Atención psicológica: comprende la intervención en crisis, el apoyo emocional y la valoración de posibles consecuencias psicológicas asociadas a la violencia.

Evaluación médico-legal: contempla la documentación de los hallazgos clínicos y la emisión de la documentación médico-legal correspondiente, cuando proceda, para respaldar los procesos de protección o judiciales.

3. Evaluación del riesgo y plan de seguridad

La atención no termina con el tratamiento de las lesiones. También es necesario valorar el nivel de riesgo al que está expuesta la persona.

El personal de salud y, cuando corresponda, trabajo social deben identificar situaciones que puedan representar un peligro inminente para la vida o integridad física de la persona afectada.

Cuando existe un riesgo elevado, pueden activarse mecanismos de protección y referencia institucional, incluyendo la coordinación con servicios de acogida y protección disponibles para personas víctimas de violencia.

Entre estos mecanismos se encuentran las Casas de Acogida o Refugios, cuya regulación está vinculada a la Ley 88-03 y sus disposiciones complementarias.

4. Referencia y conexión con los servicios de protección y justicia

El sector salud constituye una puerta de entrada fundamental para detectar situaciones de violencia y conectar a las personas afectadas con otros servicios del Estado.

En situaciones de emergencia, se debe procurar la atención inmediata y activar los mecanismos de protección correspondientes.

Asimismo, cuando las circunstancias del caso lo requieren, puede realizarse la referencia hacia las Unidades de Atención Integral a la Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales del Ministerio Público, para la continuidad del proceso de protección y las actuaciones que correspondan en el ámbito judicial.

La *Línea Mujer 212, del Ministerio de la Mujer, constituye además un canal de orientación y asistencia para mujeres en situación de violencia.

Una ruta que busca proteger, no solo atender

El abordaje sanitario de la violencia de género e intrafamiliar va más allá de tratar una lesión física. La atención debe considerar la salud física, mental y emocional, evaluar el riesgo y facilitar la conexión con los mecanismos de protección y justicia.

La detección oportuna por parte del personal sanitario puede convertirse en un punto decisivo para interrumpir el ciclo de violencia y facilitar que la persona afectada acceda a atención, protección y acompañamiento institucional.

Para la publicación digital, conviene priorizar las fuentes oficiales dominicanas y utilizar las referencias internacionales como apoyo contextual. En particular:

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