La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) propone cinco estrategias prioritarias para mejorar el pronóstico de la enfermedad.
El cáncer colorrectal se mantiene como uno de los tumores más frecuentes en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y como uno de los más evitables. El último informe del organismo, titulado “Disminuir la carga del cáncer colorrectal”, confirma que, mientras la mortalidad cae gracias a mejores tratamientos y a la expansión de los programas de cribado, los diagnósticos siguen aumentando y, de forma especialmente inquietante, lo hacen entre personas cada vez más jóvenes. Para la OCDE, esta combinación pone de relieve que “una parte importante de las muertes y del gasto sanitario asociado podría evitarse con una detección más temprana y una atención mejor organizada”.
Desde el año 2000, las tasas brutas de cáncer colorrectal han aumentado un 21 % en hombres y un 15 % en mujeres en los países miembros. No obstante, cuando se ajustan por edad, el riesgo real de padecer este tumor ha disminuido ligeramente, un 7 % en hombres y un 6 % en mujeres. La explicación es que cada vez hay más personas que alcanzan edades avanzadas, precisamente cuando este tipo de cáncer es más frecuente. Ese envejecimiento poblacional está sometiendo a una presión constante a los sistemas sanitarios, que deben atender a un volumen creciente de casos.
La preocupación mayor, sin embargo, no está solo en los mayores. El informe alerta de que los diagnósticos han aumentado casi un 25 % entre jóvenes de 15 a 49 años. Entre 2000 y 2022, la incidencia creció en 30 de los 34 países analizados en mujeres jóvenes y en 28 de 34 en hombres jóvenes. Países como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos o varios del norte de Europa registran algunos de los aumentos más pronunciados. “El incremento constante y generalizado entre generaciones jóvenes indica un cambio real en el riesgo de padecer la enfermedad”, advierte el documento, que apunta como hipótesis a factores como la dieta ultraprocesada o determinadas exposiciones bacterianas en la infancia.
“El incremento constante y generalizado entre generaciones jóvenes indica un cambio real en el riesgo de padecer la enfermedad”
A pesar de este aumento en el número de casos, la mortalidad estandarizada por edad ha descendido de forma notable en la última década: un 16 % en mujeres y un 18 % en hombres entre 2012 y 2022. Esta mejora está estrechamente vinculada a la expansión de los programas de cribado poblacional y a la eficacia creciente de los tratamientos, cada vez más personalizados gracias al uso de biomarcadores y terapias dirigidas. También influye la organización de la atención en equipos multidisciplinares, que ha demostrado mejorar la supervivencia.
La brecha en el cribado del cáncer de colon
El problema es que el cribado no llega a todos por igual. En 2023, solo el 48 % de la población elegible se sometió a pruebas de detección, y las diferencias entre países llegan a multiplicarse por ocho. Además, persisten brechas sociales y de género: las personas con menor nivel educativo participan nueve puntos porcentuales menos que las de mayor nivel, con diferencias que superan los 20 puntos en algunos países. Los hombres, por su parte, acuden seis puntos porcentuales menos que las mujeres. “Las desigualdades en la participación siguen traduciéndose en diagnósticos tardíos y peores resultados”, subraya la OCDE.
Cuando la detección falla, las consecuencias son significativas. Entre el 13 % y el 38 % de los cánceres de colon se detectan en servicios de urgencias, lo que implica que el paciente ha llegado al sistema sanitario en fases avanzadas y con complicaciones graves. Además, solo el 52 % de los casos recibe tratamiento en los 30 días posteriores al diagnóstico. Estos retrasos, que en algunos países se han agravado tras la pandemia de COVID-19, encarecen la atención y empeoran el pronóstico.
La mortalidad a los 30 días tras una intervención por cáncer colorrectal oscila entre el 1,4 % y el 4,1 % según el país
La cirugía, tratamiento principal en la mayoría de los casos, también refleja desigualdades notables en la calidad asistencial. La mortalidad a los 30 días tras una intervención por cáncer colorrectal oscila entre el 1,4 % y el 4,1 % según el país. Pero la diferencia más marcada se da entre cirugías programadas y cirugías de urgencia: en algunos lugares, la mortalidad en intervenciones urgentes puede quintuplicar la de las programadas. Este dato refuerza la idea central del informe: diagnosticar antes salva vidas.
Cinco líneas de acción prioritarias

Ante este panorama, la OCDE propone cinco líneas de acción prioritarias. La primera es facilitar el acceso al cribado, por ejemplo, enviando kits de automuestreo fecal a los hogares o distribuyéndolos en farmacias, y reforzando el papel de la Atención Primaria. Varios países han demostrado que estas medidas aumentan la participación, incluso entre grupos de menor renta. Incentivar a los médicos de familia y vincular la detección a indicadores de calidad también se asocia a mejores resultados.
La segunda clave es garantizar que un resultado positivo en la prueba fecal se traduzca rápidamente en una colonoscopia diagnóstica. La evidencia muestra que no completar este paso puede duplicar la mortalidad. Sin embargo, muchos países aún no monitorizan adecuadamente este seguimiento. La figura del “navegador de pacientes” y los sistemas de recordatorio para profesionales sanitarios se perfilan como herramientas eficaces para cerrar esta brecha.
Las otras tres recomendaciones pasan por identificar y vigilar a personas de alto riesgo —por antecedentes familiares o síndromes hereditarios—, establecer requisitos mínimos de volumen quirúrgico para asegurar experiencia y mejores resultados, y reforzar los sistemas de auditoría y acreditación de la calidad asistencial. “Supervisar de forma continua la calidad de la atención es esencial para garantizar la mejora”, concluye el informe. El cáncer colorrectal no solo es prevenible, sino que, con políticas adecuadas, una parte sustancial de su carga podría evitarse para pacientes y sistemas sanitarios.


































