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Liderar más allá de dirigir e inspirar: una amenaza silenciosa

Dra. Francisca Moronta. Médico Familiar y Comunitaria.

En la actualidad, hablar de liderazgo implica ir mucho más allá de ocupar una posición de autoridad. No es simplemente mandar, sino guiar, inspirar y generar impactos positivos. Su verdadero sentido es lograr objetivos sin perder de vista lo humano. No se trata únicamente de cumplir con indicadores obsoletos, sino de crear un ambiente en el que las personas puedan crecer, aportar y sentirse valoradas.

El liderazgo moderno combina la visión estratégica —saber hacia dónde se dirige una organización o un equipo— con habilidades blandas que incluyen las capacidades de motivar, donde los resultados sean sostenibles y nazcan de personas comprometidas. Por eso, su rol no se limita a trazar metas, sino a acompañar a las personas en el proceso de alcanzarlas.

Sin embargo, en las últimas décadas hemos observado que hablar de este tema, lejos de evocar inspiración o transformación, nos lleva a mirar más allá. Existe una amenaza silenciosa que ha ido desdibujando el verdadero sentido de liderar, llevándonos quizás al olvido de este. Esto no se trata de una pérdida de memoria, sino de la omisión progresiva de los valores, principios y responsabilidades que distinguen a un líder auténtico.

Este olvido ocurre cuando quienes tienen la responsabilidad de dirigir pierden de vista su propósito principal y se concentran exclusivamente en resultados inmediatos, descuidando el desarrollo humano, científico y colectivo. 

La presión por alcanzar metas, con rutinas muchas veces arcaicas, lleva en ocasiones a que el líder deje de ser escuchado e incluso deje de servir como referente. Es justo entonces cuando las personas a quienes dirigen comienzan a percibir que la conducción se reduce a órdenes y control, debilitando la confianza y la cohesión.

Esto puede ocurrir cuando el “líder” se coloca por encima del colectivo y, embriagado por la autoridad, olvida la humildad y la empatía, o por la falta de actualización de competencias, incurriendo en el riesgo de quedarse estancado en el pasado. 

Esto genera impactos profundos: baja motivación, desconfianza e incluso deterioro personal e institucional. Las organizaciones quedan sin líderes reales y conscientes, solo con dirigentes que trabajan de forma mecánica, sin compromiso ni creatividad.

Recuperar el liderazgo auténtico frente a las amenazas que se avecinan es imprescindible. Por ello se hace necesario invertir en formar líderes efectivos, promoviendo culturas de alto rendimiento, fortalecimiento y compromiso social.

Es imperativo y crucial la creación de un liderazgo moderno que busque dejar huellas, ser recordado no únicamente por lo que logró, sino por cómo hizo sentir a quienes lo acompañaron en el camino y por cómo las personas crecieron bajo su guía. 

Es tiempo de crear un liderazgo que transmita calma y confianza, que brinde seguridad y motivación para seguir adelante en un mundo complejo y competitivo.

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