La reciente agresión a una médica residente en el Hospital Dr. Francisco Moscoso Puello no es un hecho aislado, sino el síntoma febril de una patología crónica que corroe los cimientos del sistema de salud dominicano: la creciente violencia de pacientes y sus familiares hacia el personal sanitario. Este fenómeno, lejos de ser un simple problema de seguridad ciudadana, surge como el resultado de una compleja interacción de fallas sistémicas, precariedad laboral y una profunda crisis de confianza entre quienes buscan y quienes proveen cuidados.
Con este análisis, buscamos ir más allá de las cifras oficiales, las denuncias gremiales y las críticas de organismos de derechos humanos, para identificar los elementos críticos que alimentan esta lamentable realidad, explorando las perspectivas de dos actores en una encrucijada de dolor y frustración: los pacientes y los profesionales de la salud.
Las Cifras de la Discordia
Según datos del Servicio Nacional de Salud (SNS), en el último año se registraron 79 eventos violentos en hospitales de la red pública, lo que derivó en medidas de coerción para 17 agresores. El propio SNS señala como detonantes la necesidad de atención inmediata, el consumo de alcohol o drogas, la inconformidad con el servicio y los problemas de salud mental.
Este fenómeno no es exclusivo de República Dominicana. Un estudio realizado en Colombia, publicado por Cervantes-Amado (2017) en la revista Salud Uninorte, reveló que el 38.5 % de los médicos y enfermeras del país han sido víctimas de agresiones físicas o verbales. Esto evidencia que no se trata de incidentes aislados, sino de un problema vinculado a un sistema que, al tratar la salud como mercancía sujeta a las leyes del mercado, desvía a los Estados y gobiernos de su responsabilidad de garantizar el derecho humano a la salud.
Desde la Perspectiva del Paciente: Un Viacrucis por la Salud
Para comprender la raíz de esta agresividad, es necesario analizar el tortuoso recorrido del paciente en la red pública. El Defensor del Pueblo, Pablo Ulloa, ha descrito el sistema sanitario como “roto” y sentenció que “en República Dominicana, enfermarse es jugar una ruleta”. Esta percepción se alimenta de:
Tiempos de espera exasperantes: Largas horas en salas de emergencia superpobladas, con escasa información sobre el estado del paciente o el flujo de atención. Déficit de recursos y personal: La falta de camas, insumos, medicamentos y médicos genera una atención percibida como deficiente y provoca frustración e ira. Comunicación deficiente: El personal agotado y sobrecargado, con escasas habilidades de comunicación empática, puede parecer indiferente o negligente. La paradoja de la satisfacción: A pesar de este panorama, informes del SISMAP Salud arrojan índices de satisfacción superiores al 90 %. Esta disonancia sugiere que las encuestas no reflejan los momentos de mayor tensión —como las emergencias— o que los usuarios evalúan aspectos más superficiales, como la amabilidad en áreas menos críticas.
Desde la Perspectiva del Personal de Salud: Entre el Juramento y la Sobrevivencia
El personal de salud enfrenta una realidad laboral que amenaza su bienestar físico y mental, y por ende, su capacidad de brindar atención de calidad. El Colegio Médico Dominicano (CMD) ha denunciado de manera constante las siguientes precariedades:
Condiciones laborales extenuantes: Jornadas que superan ampliamente las 40 horas semanales, guardias interminables, bajos salarios y déficit crónico de personal conducen al síndrome de burnout. Inseguridad y desprotección: La ausencia de protocolos de seguridad efectivos y personal capacitado para manejar crisis hospitalarias incrementa la vulnerabilidad. Maltrato institucional: Investigaciones periodísticas recogen testimonios de médicos que señalan un trato humillante y despectivo, no solo por parte de pacientes, sino también de algunas autoridades hospitalarias. Impacto en la atención: Estas condiciones repercuten directamente en la calidad del servicio y en la relación médico-paciente.
Elementos Críticos y Llamado a la Acción
La violencia en los hospitales dominicanos es una manifestación de fallas sistémicas profundas. Entre los factores críticos destacan:
Infraestructura y recursos insuficientes. Precariedad laboral y desprotección del personal sanitario. Déficit en comunicación y trato humanizado. Cultura de inmediatez y baja tolerancia a la frustración. Impunidad ante las agresiones.
Abordar esta problemática exige más que la condena puntual de cada agresión. Es necesaria una intervención estructural: mayor inversión en salud, mejora de las condiciones laborales y de seguridad, y capacitación en comunicación y manejo de conflictos para médicos y personal de apoyo.
Proteger a quienes nos cuidan no es un privilegio, sino una condición indispensable para un sistema de salud funcional. De lo contrario, seguiremos siendo testigos de una guerra silenciosa en nuestros hospitales, donde las víctimas son, en última instancia, la salud y la dignidad de todos los dominicanos.
No debemos quedarnos en la discusión de casos aislados. Es un problema sistémico que requiere sentar en la misma mesa a todos los actores: el Estado, el CMD, las asociaciones de pacientes y las instituciones de educación superior —en especial la Facultad de Ciencias de la Salud de la UASD— para buscar soluciones basadas en evidencia que mitiguen este fenómeno.


































