Inicio Actualidad

El Senasa, sano o enfermo?

Oficinas principales de Senasa. (Foto de archivo).

La crisis que amenaza con contagiar a todo el sistema de salud.

El Seguro Nacional de Salud (SENASA) no ha quebrado, pero está enfermo. Gravemente enfermo. Si no se aplican correctivos urgentes, podría cerrar este año en números rojos, arrastrando consigo serias consecuencias para las familias más pobres, el Gobierno y la estabilidad del sistema de salud. Y lo más alarmante: esta enfermedad financiera podría extenderse y contagiar a otras Aseguradoras de Riesgos de Salud (ARS), poniendo en jaque a todo el sistema.

De acuerdo a la Fundación Seguridad Social para Todos (FSSPT), las cifras oficiales de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL) confirman la gravedad: las utilidades acumuladas del SENASA cayeron drásticamente desde los RD$2,953.7 millones de 2023, a RD$947.1 millones en 2024 y apenas RD$848.7 millones en enero de 2025, último dato disponible. En solo dos años, los beneficios se han desplomado en más de RD$2,100 millones.

Este colapso no afecta a cualquier ARS: se trata de la mayor aseguradora del país, con más de 7.6 millones de afiliados —el 73% del total—, en su mayoría personas de bajos ingresos. Si SENASA tropieza, tropiezan ellos también.

Otros síntomas agravan el cuadro: retrasos en los pagos a médicos, clínicas y proveedores; demoras en la publicación de los estados financieros; y un preocupante silencio oficial sobre el detalle de las pérdidas en los dos regímenes que administra: el Contributivo y el Subsidiado.

De acuerdo a los datos disponibles, mientras el régimen Contributivo del SENASA mantiene cierta salud financiera, el Subsidiado —que cubre a los más pobres— registra pérdidas severas. Se estima que el déficit operacional acumulado del Subsidiado alcanza ya los RD$3,372.8 millones, una cifra que pone en riesgo la atención médica de millones de dominicanos vulnerables.

Las quejas no se han hecho esperar. El Colegio Médico Dominicano denuncia retrasos de meses en los pagos a los profesionales de la salud, mientras SENASA intenta defenderse destacando que, entre 2019 y 2024, su inversión en servicios de salud creció un 148% y los pagos a los médicos privados aumentaron un 541%. Sin embargo, estas cifras reflejan un preocupante giro hacia la privatización y un mayor gasto de bolsillo para los ciudadanos, mientras el sistema público se resquebraja.

Incluso el propio presidente Luis Abinader, aunque niega un déficit, admite que el SENASA necesita un aporte adicional del Estado para mantenerse a flote. Y la afirmación de la SISALRIL de que el SENASA “nunca quebrará” porque cuenta con el respaldo gubernamental, es, en sí misma, una confesión de la fragilidad financiera actual.

¿Una epidemia financiera en el sistema de salud?

El problema de SENASA no es aislado. Es el reflejo de un modelo desbalanceado, donde las ARS operan bajo una cápita insuficiente, enfrentan crecientes presiones de proveedores, y deben asumir coberturas no contempladas por la Ley, como el alto costo de los accidentes de tránsito, la inclusión de pensionados y jubilados de alto consumo, o la cobertura extendida a cuerpos militares sin financiamiento adicional.

Sin reformas de fondo, otras ARS —incluso las privadas— podrían verse arrastradas a situaciones similares. El sistema en su conjunto muestra señales de estrés: un Seguro Familiar de Salud (SFS) incompleto, sin las reformas estructurales previstas en la Ley 87-01, sin regulación efectiva de costos, y cada vez más presionado por monopolios médicos y hospitalarios que elevan las tarifas sin control.

Lo que está en juego

Mantener al SENASA sano no es solo una cuestión administrativa: es un imperativo social y económico. El SENASA es, hoy por hoy, el principal contrapeso al mercantilismo y la privatización desbordada de la salud. Su debilitamiento no solo amenaza a los afiliados del Subsidiado, sino a la estabilidad del sistema en su conjunto.

Lo que se requiere no son parches ni subsidios ocasionales, sino una transformación real:

• Ajustar la cápita a los costos reales de atención.

• Separar financieramente los regímenes Contributivo y Subsidiado, como exige la Ley.

• Regular con firmeza las prácticas monopolísticas de algunos proveedores.

• Revisar la cobertura de eventos de alto costo como accidentes de tránsito.

• Fortalecer la red pública de salud para reducir la dependencia de los prestadores privados.

Antes de que sea demasiado tarde

Si no se actúa, el SENASA podría ser apenas el primer dominó en caer. La enfermedad que hoy lo aqueja amenaza con propagarse a otras ARS, dejando a millones de dominicanos en un sistema de salud cada vez más frágil, privatizado y desigual.

Preservar la salud financiera del SENASA y del SFS es preservar la salud de toda la nación.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en SaludNews está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional acreditado.