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Desigualdad socioeconómica y de salud en América Latina y el Caribe

Dr. Pedro Ramírez Slaibe. Médico. 
Especialista en Medicina Familiar y en Gestión de Servicios de Salud, postgraduado en Evaluación de Tecnologías Sanitarias, Maestría en Alta Dirección Pública, docente, consultor en salud y seguridad social.

Dr. Pedro Ramírez Slaibe

El reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre la relación entre la desigualdad social, económica y los resultados en salud en América Latina y el Caribe nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre un tema crucial para el bienestar de nuestra región.

Desigualdades en la primera infancia y la adolescencia

Es alarmante observar cómo las disparidades en salud son más pronunciadas durante la primera infancia y la adolescencia. Los niños de los grupos más pobres enfrentan peores resultados en salud materna, mayor mortalidad infantil y un mayor retraso en el crecimiento.

La tasa de mortalidad infantil en América Latina y el Caribe es casi cuatro veces mayor que en los países de la OCDE. En países como Bolivia, Guatemala, Haití y Perú, la mortalidad infantil es aproximadamente tres veces mayor entre los niños cuyos padres tienen educación primaria o menos, en comparación con aquellos cuyos padres completaron la educación secundaria.

Además, alrededor del 13% de los niños en la región sufren retraso en el crecimiento, con una incidencia casi el doble en niños de padres con menor nivel educativo.

Estas situaciones son inaceptables, ya que la primera infancia es una etapa fundamental para el desarrollo físico y cognitivo, y las deficiencias en este período pueden tener repercusiones a largo plazo.

La doble carga de la desnutrición

La coexistencia del retraso en el crecimiento y el sobrepeso en la infancia refleja tanto la desigualdad económica como la disparidad en el acceso a una nutrición adecuada.

• El retraso en el crecimiento es más común entre los niños de hogares pobres y en zonas rurales.

• El sobrepeso y la obesidad son más prevalentes en los niños de hogares más ricos y en áreas urbanas.

Esta dualidad subraya la necesidad de políticas integrales que aborden simultáneamente la desnutrición y la obesidad.

Desigualdades en la salud adulta

En la edad adulta, las desigualdades en salud se manifiestan de manera diferente. Las enfermedades no transmisibles (ENTs), como la hipertensión, la diabetes y los trastornos de salud mental, son más prevalentes entre las personas con menor nivel educativo.

Sin embargo, en los países de ingresos medios, las tasas de obesidad tienden a concentrarse en aquellos con mayor nivel educativo, lo que contrasta con la tendencia en los países de ingresos altos.

Esta paradoja resalta la complejidad de las desigualdades en salud y la necesidad de enfoques específicos según cada contexto.

Implicaciones para las políticas públicas

Las desigualdades en salud en América Latina y el Caribe tienen raíces estructurales que requieren estrategias de intervención multidimensionales.

1. Incrementar el gasto público en salud

La insuficiencia de financiamiento público es una de las principales barreras para garantizar un acceso equitativo a la salud.

• Entre 2000 y 2014, el gasto público en salud aumentó un 25%, pero en 2021 solo alcanzó un promedio del 4.5% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la OPS/OMS.

• Este déficit perpetúa la fragmentación del sistema y la alta dependencia del gasto de bolsillo, que representa hasta el 33% del gasto total en salud en algunos países, afectando a los sectores más vulnerables.

Aumentar la inversión pública en salud permitiría expandir la cobertura, reducir los costos directos para la población y mejorar la calidad de los servicios.

2. Fortalecer la Atención Primaria de Salud (APS)

La Atención Primaria de Salud (APS) ha demostrado ser la estrategia más costo-efectiva para reducir desigualdades en salud.

• En América Latina, el acceso a atención primaria de calidad sigue siendo limitado en zonas rurales y poblaciones vulnerables.

• En países como Costa Rica y Cuba, donde se ha fortalecido la APS, se han observado mejores indicadores de salud, menores tasas de hospitalización evitable y mayor equidad en el acceso.

La inversión en infraestructura, recursos humanos y modelos de atención integrados es fundamental para que la APS sea la puerta de entrada efectiva al sistema de salud.

3. Implementar políticas intersectoriales

Las desigualdades en salud están estrechamente vinculadas con factores sociales como la educación, el empleo y la vivienda.

• En América Latina, el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión es hasta un 40% mayor entre personas con menor nivel educativo.

• Modelos como el de Uruguay, que ha integrado políticas sociales con su sistema de salud, han logrado mejoras en la mortalidad infantil y la reducción de enfermedades prevenibles.

Las políticas intersectoriales que combinan salud, nutrición, acceso a agua potable, reducción de la pobreza y urbanización planificada pueden tener un impacto significativo en la equidad en salud.

4. Monitorear y evaluar las desigualdades en salud

La toma de decisiones basada en evidencia requiere sistemas de información robustos.

• Actualmente, solo el 30% de los países de la región cuentan con datos desagregados por nivel socioeconómico, etnicidad y territorio, lo que dificulta el diseño de políticas efectivas.

• Implementar observatorios de desigualdades en salud permitiría identificar brechas de atención, evaluar intervenciones y ajustar estrategias en función de los resultados.

Experiencias en Brasil y Chile han demostrado que el uso de indicadores de equidad mejora la focalización de recursos y la efectividad de las políticas sanitarias.

5. Promover la participación comunitaria

Las comunidades desempeñan un papel clave en la identificación de necesidades y la apropiación de políticas de salud.

• Sin embargo, en la región, la participación sigue siendo limitada y, en muchos casos, los modelos de atención no incorporan enfoques culturalmente adecuados.

• Programas en Bolivia y México han demostrado que la integración de agentes comunitarios de salud mejora la adherencia a tratamientos, reduce barreras de acceso y fortalece la confianza en los sistemas sanitarios.

Involucrar a las comunidades en la planificación y ejecución de políticas garantiza que las intervenciones sean pertinentes y sostenibles.

La desigualdad socioeconómica en América Latina y el Caribe tiene un impacto profundo en los resultados de salud.

Abordar estas disparidades requiere un enfoque integral que considere las diversas dimensiones de la desigualdad y las particularidades de cada contexto socioeconómico.

Solo a través de políticas públicas bien diseñadas y una implementación efectiva se podrá avanzar hacia una mayor equidad en salud en la región.

Es fundamental continuar investigando y ejecutando estrategias que no solo mitiguen las desigualdades existentes, sino que también promuevan un desarrollo sostenible y equitativo para todos los habitantes de América Latina y el Caribe. La salud de la región depende de ello.

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en SaludNews está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional acreditado.