
Las enfermedades cerebrovasculares representan una de las principales causas de muertes más frecuentes en el mundo.
Su falta de diagnóstico, y el desconocimiento de su sintomatología, sitúan a las enfermedades cerebrovasculares como una de las principales causas de fallecimiento.
Entre las más comunes, destaca la enfermedad tromboembólica venosa – ETV-. Ésta, a su vez, puede derivar en la aparición de una trombosis venosa profunda – TVP-, o una embolia pulmonar -EP-.
La tecnología se ha puesto manos a la obra para crear nuevas herramientas que ayudan en el diagnóstico y control de dichas patologías.

La tecnología permite establecer un seguimiento más efectivo en los pacientes con TVP
La trombosis venosa profunda es una de las afecciones cerebrovasculares más frecuentes, aunque es difícil conocer con exactitud cuál es su incidencia.
A pesar de que los avances en su tratamiento han propiciado que algunos de los pacientes puedan controlar y superar la enfermedad desde el domicilio, sin necesidad de hospitalización -siempre y cuando los profesionales médicos lo consideren oportuno-, sigue siendo una afección que puede ser mortal si no se dispone de un diagnóstico adecuado, y de un posterior tratamiento y control adaptado. Y es aquí es donde radica el problema, como explica Sanofi en su web.
En numerosas ocasiones la trombosis no es diagnosticada. Se trata de una enfermedad cuyos síntomas son, en muchos casos, leves y pueden achacarse a otras causas.
Por otro lado, es altamente complicado establecer un control continuo sobre los pacientes que han sufrido una trombosis, aunque es sumamente necesario para evitar nuevos trombos o hemorragias.
Para prevenir las posibles complicaciones que pueden derivarse de sufrir una trombosis no diagnosticada, ni tratada adecuadamente, se han creado algunos instrumentos que ayudan en el diagnóstico de dicha afección, así como en su control y tratamiento.






























