Lo ocurrido este 8 de abril no es una anomalía, es el nuevo estándar. La recurrencia de estas lluvias extremas, fuera de la temporada ciclónica tradicional, nos obliga a repensar el diseño de nuestra capital. La adaptación climática ya no es una opción de política verde; es una necesidad de supervivencia financiera y sanitaria para todos los dominicanos
El cielo de Santo Domingo no dio tregua este miércoles 8 de abril. Lo que comenzó como una vaguada estacional se transformó en un recordatorio brutal de nuestra vulnerabilidad: hasta 314 milímetros de lluvia acumulados en menos de 24 horas. La ciudad, una vez más, colapsó bajo el peso de un agua que no encuentra salida, dejando un saldo trágico de al menos dos fallecidos, cientos de desplazados en sectores como Los Ríos y Cuesta Hermosa, y una parálisis económica que se siente en cada hogar de las zonas afectadas, es la tercera ocasión que tenemos este tipo de evento en los últimos años, y con cada evento solo escuchamos los lamentos, las excusas, las criticas y luego solo recordamos el evento cuando llega el próximo.
¿La pregunta obligada es cuando asumiremos que este tipo de evento será mas frecuente y que vivimos en una isla que tiene un alto riesgo de los impactos del cambio climático?
No basta con decir que «va a llover». El evento de ayer demostró que la meteorología en la era del cambio climático no puede ser un ejercicio de probabilidades generales. Necesitamos una transición urgente hacia la predicción basada en impactos. Recuerdo que hace mas de una década, cuando cumplía una misión oficial en el CDC, en Atlanta, durante una reunión de alto nivel, llego alguien e interrumpió para decir deben concluir la reunión, pues en una hora tendremos una tormenta de nieve, los dominicanos presente, nos miramos, recogimos y nos llevaron al hotel, junto una hora después comenzó a caer nieve, lo que nos obligo a permacer en el hotel dos días hasta que se reabriera el aeropuerto y regresar al país.

La experiencia que acabo de relatar, demuestra que es posible preveer efectos adversos provocados por fenómenos de la naturaleza relacionados con el clima. Creemos las infraestructuras necesarias que garanticen ia asertividad climático que implica que la población y las autoridades no solo sepan cuánta agua caerá, sino exactamente qué calles se convertirán en ríos y qué sistemas de drenaje fallarán con nombre y apellido. Sin una inversión robusta en radares meteorológicos de última generación y sistemas de alerta temprana hiper-locales, seguiremos reaccionando a la tragedia en lugar de anticiparla.
Invertir en Salud: El Escudo Olvidado
Más allá de las paredes derribadas y los vehículos anegados, existe una crisis silenciosa que se gesta tras cada inundación: la salud pública. El estancamiento de aguas residuales y pluviales es el caldo de cultivo para brotes de:
- Leptospirosis: Por el contacto con aguas contaminadas.
- Dengue y Malaria: Debido a la proliferación de mosquitos en depósitos de agua.
- Enfermedades Gastrointestinales: Por la contaminación de cisternas y redes de agua potable.
La mitigación de daños no debe centrarse solo en mover escombros; se requiere una inversión masiva en infraestructuras de salud resilientes. Necesitamos centros de atención primaria capacitados para la respuesta inmediata post-desastre y una red de saneamiento que no colapse al primer aguacero, protegiendo así la vida antes de que el patógeno llegue al paciente.
El Impacto en el Bolsillo Familiar
Para las familias dominicanas, el cambio climático no es un concepto abstracto de la ONU; es una resta directa en su cuenta bancaria. Los datos son alarmantes: eventos como el de este miércoles han contribuido a que el país pierda, en promedio, hasta un 3.3% del Producto Interno Bruto (PIB).
«El cielo pareció llorar sin pausa, pero son las familias las que terminan pagando la factura del desastre».
Para una familia de clase media o baja en el Gran Santo Domingo, una inundación significa:
- Pérdida de Enseres: Sustitución de electrodomésticos y muebles sin seguro que los cubra.
- Gastos de Reparación: Inversión en muros de contención o reparaciones estructurales de emergencia.
- Lucro Cesante: Días de trabajo perdidos por la imposibilidad de movilidad o por tener que limpiar el lodo de sus hogares.
Que el próximo evento, no nos tome por sorpresa, que las autoridades asuman sus responsabilidades que para eso fueron electos
































